El Recreativo cierra una pretemporada de casi dos meses con sensaciones contrapuestas. El equipo de Jesús Galván ha dejado buenas señales en la presión, la intensidad y la capacidad para competir ante rivales de mayor categoría, pero también la falta de capacidad goleadora que decide partidos.
La pretemporada ya ha dado carpetazo final. El Recreativo de Huelva ha completado una preparación especialmente larga, de prácticamente dos meses, y lo hace con la sensación de que todavía quedan más preguntas que respuestas antes de que llegue la hora de la verdad. El próximo 6 de septiembre, a las 20:00 horas, en Alcalá de Guadaíra ante el Atlético Central, los amistosos dejarán de tener valor y comenzarán a contar los puntos.
El nuevo proyecto de Jesús Galván ha tenido tiempo para trabajar, probar sistemas, incorporar futbolistas y construir una plantilla prácticamente nueva. También ha tenido diferentes escenarios para medir su evolución: desde el Trofeo Colombino ante el Real Betis, disputado cuando apenas habían transcurrido dos semanas de preparación, hasta los dos últimos ensayos frente a rivales de Primera Federación como Extremadura y Mérida.
El balance no es sencillo. Hay aspectos que invitan al optimismo, especialmente cuando el Recreativo ha tenido enfrente a equipos de mayor categoría, pero también existe una preocupación evidente que ha acompañado al conjunto albiazul durante buena parte del verano: la dificultad para transformar su dominio y sus llegadas en ocasiones claras y, sobre todo, en goles.
Y precisamente ahí puede estar la diferencia entre un equipo competitivo y un equipo capaz de pelear realmente por el objetivo del ascenso.
Un comienzo condicionado por un Trofeo Colombino muy prematuro

El Recreativo comenzó su pretemporada con una circunstancia poco habitual. Apenas dos semanas después de iniciar los entrenamientos, el equipo tuvo que afrontar uno de los compromisos más importantes del verano: el Trofeo Colombino ante el Real Betis.
El contexto condicionaba inevitablemente cualquier análisis: la plantilla todavía estaba en construcción, varios futbolistas acababan de incorporarse y Jesús Galván apenas había tenido tiempo para transmitir sus principales conceptos. Aun así, el Decano ofreció una primera imagen interesante.
El equipo albiazul terminó perdiendo por la mínima , pero fue capaz de competir ante un Betis que tampoco puso toda su maquinaria sobre el césped. Más allá del resultado, comenzaron a apreciarse algunas de las señas de identidad que Galván quería implantar: intensidad, presión alta, agresividad sin balón y capacidad para incomodar la salida del rival.
Aquella primera fotografía ya permitía intuir un Recreativo dispuesto a ser protagonista desde el esfuerzo y la presión. El problema sería comprobar si esa intensidad podía ir acompañada de suficiente fútbol en los metros finales.
El partido ante el Dos Hermanas y la aparición del gol en el Recreativo

La segunda prueba llevó al Recreativo hasta Punta Umbría para enfrentarse al Dos Hermanas CF en el Memorial Manuel Rodríguez González. El Decano consiguió imponerse por 3-1, en un partido en el que aparecieron los goles de Hugo López, Ale Marín y Roni.
Fue, probablemente, el encuentro en el que el equipo mostró mayor facilidad para encontrar portería durante buena parte de la preparación. Pero también era necesario poner el resultado en contexto: enfrente estaba un conjunto de Tercera Federación que todavía se encontraba en una fase muy temprana de su preparación.
Por eso, aquel partido no podía utilizarse como una prueba definitiva sobre la capacidad ofensiva del Recreativo. Sí sirvió, sin embargo, para comprobar que el equipo disponía de futbolistas capaces de desequilibrar y que, cuando encontraba espacios y conseguía acelerar las acciones, podía generar peligro.
Después llegaría el duelo ante el Lamiya, una prueba de carácter eminentemente preparatorio frente a un equipo de Primera Andaluza. En ese encuentro comenzaron a aparecer con mayor claridad los destellos de Ale Marín y Pol Prats, dos jugadores llamados a tener protagonismo en las posiciones ofensivas.
Pero los amistosos tienen una particularidad: el contexto competitivo no es el mismo que en la liga. El rival no siempre juega al límite, las estructuras se rompen con mayor facilidad y las consecuencias de los errores son menores.
El Trofeo de la Bella destapó las primeras dudas
El verdadero punto de inflexión de la preparación llegó en el Trofeo de la Bella, disputado en el Ciudad de Lepe. El Recreativo se midió al San Roque de Lepe y al Betis Deportivo, dos rivales de un nivel mucho más cercano al que tendrá durante la temporada.
Y ahí aparecieron las primeras sombras de manera mucho más evidente. Ante el San Roque de Lepe, el conjunto albiazul no pasó del empate. Posteriormente, frente al Betis Deportivo, sufrió una derrota contundente por 0-3.
Más allá de los resultados, lo preocupante fue la dificultad para generar fútbol realmente dañino cerca del área rival. El Recreativo podía tener posesión, podía avanzar con cierto criterio y podía mantener su estructura, pero cuando llegaba el momento de convertir ese dominio territorial en ocasiones claras, el equipo perdía claridad.
La zona de tres cuartos se convirtió en un territorio complicado. Faltaban conexiones, último pase y, especialmente, situaciones de remate. Cuando el partido exigía que apareciera un delantero para resolver una acción, esa respuesta no llegaba.
En Bollullos, el Recre tampoco encontró el gol hasta el final

El amistoso ante el Bollullos volvió a ofrecer una imagen similar. El conjunto condal fue capaz de aguantar el ritmo del Recreativo durante prácticamente todo el encuentro y el Decano tuvo enormes dificultades para generar peligro.
Durante casi hora y media de fútbol, el equipo albiazul no encontró la manera de romper el entramado defensivo de su rival con continuidad. El Bollullos se adelantó nada más comenzar la segunda mitad, con un tanto de Teté desde el punto de penalti, y el Recreativo necesitó de nuevo una acción individual para evitar un resultado todavía peor.
Fue entonces cuando apareció Ale Marín, que volvió a ejercer de recurso ofensivo para rescatar al equipo. El dato más significativo es que aquella falta de producción ofensiva se producía con tres delanteros en plantilla. No se trataba, por tanto, únicamente de una cuestión de número de atacantes, sino de cómo consigue el equipo generar situaciones de ventaja para ellos.
Ese matiz resulta importante: el Recreativo no parecía tener un problema exclusivamente de remate, sino de producción de ocasiones.
La mejor versión llegó en Almendralejo
La pretemporada todavía guardaba una respuesta y llegó ante un rival de Primera Federación. En el Trofeo Mercoguadiana frente al Extremadura, el Recreativo protagonizó probablemente sus mejores 45 minutos de todo el verano.
El equipo fue reconocible. Presionó arriba cuando debía hacerlo, combinó con criterio, encontró espacios y fue capaz de llevar el partido a un ritmo alto. Hubo movilidad, intensidad y una mayor capacidad para conectar las distintas líneas.
También aparecieron futbolistas que pueden ser determinantes. Samu Cortés ofreció una de sus actuaciones más eléctricas de la preparación, buscando constantemente el uno contra uno y generando peligro desde la banda. Y Aitor García empezó a mostrar de nuevo esa versión de jugador diferencial que ya dejó ver durante su llegada al Recreativo en el mercado invernal.
El partido terminó con 1-1, aunque el Extremadura acabaría llevándose el trofeo. Pero aquella tarde dejó algo más importante que un resultado: la sensación de que el Recreativo sí puede competir contra equipos de superior categoría cuando consigue ejecutar su plan de partido con precisión.
Mérida confirmó las buenas sensaciones y la asignatura pendiente del nuevo Recreativo
El último ensayo, en el Romano José Fouto ante el Mérida, volvió a moverse en esa línea. El Recreativo fue capaz de plantar cara a un rival de Primera Federación y durante buena parte del encuentro mantuvo controlada la estructura del equipo romano. La presión funcionó, el bloque se mostró competitivo y el sistema de Galván volvió a ofrecer argumentos para pensar que el equipo tiene una base táctica sobre la que construir.
Pero apareció nuevamente el mismo problema: el gol. El Recreativo tuvo sus opciones, pero también el Mérida dispuso de oportunidades para ponerse por delante, especialmente con Carlos Doncel y Sofiane como protagonistas en ataque.
El encuentro terminó en empate a cero, cerrando la pretemporada con una conclusión bastante clara: el Recreativo ha demostrado que puede competir, pero todavía necesita demostrar que puede decidir los partidos.
Porque la pretemporada ha dejado luces suficientes para pensar que existe una base competitiva, pero también sombras que no pueden ignorarse. La presión, la intensidad y la estructura defensiva parecen estar encaminadas. El juego ofensivo, en cambio, necesita todavía una marcha más.
La asignatura pendiente está clara: hacer que el buen trabajo colectivo termine en goles. En Alcalá comenzará el examen de verdad. Y será entonces cuando se comprobará si las luces terminan imponiéndose a las sombras.
Fotos: El Córner Recreativista; Fran Rodríguez



