El recreativismo vuelve a poner sobre la mesa el precio de las localidades visitantes después de la polémica de Alcalá. La pancarta de la Grada 20 de Diciembre, Frente Onuba y Sector Helicóptero ante el Puente Genil evidencia un malestar que ya busca respuestas y acuerdos entre clubes.
«¿Qué fútbol prefieren? Precios abusivos | Precios populares». La pregunta apareció el pasado domingo en la grada de animación del Recreativo de Huelva y resume un debate que ha ido ganando fuerza entre la afición del Recreativo de Huelva durante las primeras jornadas de la temporada: el precio que debe pagar un aficionado para acompañar a su equipo cuando juega lejos de casa.
La pancarta, promovida por la Grada 20 de Diciembre junto a su peña Frente Onuba y Sector Helicóptero, no fue un simple mensaje durante el encuentro ante el Salerm Cosmetics Puente Genil. Es la continuidad de un malestar que ya se hizo visible antes del estreno liguero en Alcalá de Guadaíra y que, lejos de apagarse, sigue presente entre los seguidores albiazules.
El mensaje plantea además una cuestión que va más allá del propio Recreativo: ¿hasta dónde puede llegar el precio de una entrada en una categoría como Segunda Federación?

Alcalá fue el primer aviso a los clubes visitantes.
El primer episodio de esta temporada llegó antes incluso de que comenzara la liga: el Atlético Central anunció inicialmente a 20 euros las localidades para la afición recreativista en el Estadio Ciudad de Alcalá. La cifra generó un importante malestar entre los seguidores del Decano y provocó incluso que algunos colectivos anunciaran medidas de protesta.
La Federación de Peñas del Recreativo calificó entonces los 20 euros de precio «excesivo y poco acorde con los precios habituales de esta categoría» y reclamó una cantidad más accesible para facilitar el desplazamiento.
Finalmente, el Atlético Central terminó rebajando las localidades a 15 euros. El propio club sevillano matizó posteriormente que el precio inicial de 20 euros había sido tratado entre ambas entidades dentro de las conversaciones mantenidas para establecer una política recíproca.
El desenlace evitó que el estreno liguero tuviera todavía mayor impacto en las gradas, pero dejó un precedente. Y la imagen del Nuevo Colombino demostró que la cuestión no ha quedado olvidada.
Una afición que viaja y que empieza a decir basta a los precios abusivos
El debate tiene una particularidad en el caso del Recreativo: su afición viaja. La masa social albiazul lleva años acompañando al equipo por distintos puntos de España y, especialmente en una temporada en la que el objetivo vuelve a ser el ascenso, los desplazamientos forman parte de la experiencia de miles de recreativistas.
Pero viajar supone mucho más que pagar una entrada. Transporte, gasolina, autobús, comida y, en algunos casos, alojamiento se suman al coste de cada desplazamiento. Por eso, la localidad de acceso al estadio puede convertirse en un factor determinante a la hora de decidir si se viaja o no.
No se cuestiona que los clubes necesiten ingresos. Se cuestiona que el aficionado visitante sea quien soporte precios que no se corresponden con la categoría ni con las condiciones de determinados estadios.
El modelo de los acuerdos entre clubes toma la partida
Y en medio de este debate ya existen clubes que han optado por otra fórmula: alcanzar acuerdos previos con sus rivales para fijar un precio común para las aficiones visitantes. Es el caso del CD Badajoz, club con el que el Recreativo ha acordado que sus aficionados puedan acceder al Nuevo Colombino y al Nuevo Vivero por 10 euros en los enfrentamientos de esta temporada.
No es, además, una fórmula nueva para el Decano. El propio Recreativo ya informó esta temporada de acuerdos con otros clubes para establecer localidades visitantes a 10 euros, como ocurrió con el Xerez CD.
Y precisamente ahí puede estar una de las claves para el futuro: que los precios no dependan exclusivamente de la decisión puntual del club que recibe al visitante, sino que existan acuerdos que permitan establecer unas condiciones razonables para ambas aficiones.
La pancarta del Nuevo Colombino no pide únicamente una rebaja concreta. Plantea una elección: «¿Qué fútbol prefieren?» En un lado, «precios abusivos». En el otro, «precios populares». La reivindicación de la afición recreativista parte de una idea sencilla: si los clubes quieren estadios con ambiente, aficiones visitantes numerosas y desplazamientos que conviertan cada partido en una fiesta, el precio de la entrada no puede convertirse en una barrera de acceso.
Y la pregunta que apareció en el Nuevo Colombino no parece dirigida únicamente al Salerm, al Atlético Central o al próximo rival. Es una pregunta abierta a toda la categoría: qué fútbol se quiere construir y cuánto se está dispuesto a cobrar al aficionado que hace kilómetros para ver a su equipo.
Porque el recreativismo parece tenerlo claro: acompañar al Decano, sí; pagar cualquier precio, no.



